Anthropic, la compañía detrás del asistente de IA Claude, presentó en junio la documentación confidencial para su salida a bolsa, y se espera que el folleto público quede registrado en cualquier momento. Según ha informado The Wall Street Journal, la empresa aspira a captar hasta 100.000 millones de dólares en la operación, lo que la valoraría en torno a los dos billones de dólares — una de las mayores OPI tecnológicas de la historia.

Lo llamativo es el contraste: mientras prepara el mayor hito financiero de su historia, su CEO y cofundador, Dario Amodei, ha dedicado buena parte de las últimas semanas a advertir públicamente sobre los riesgos de la propia tecnología que su compañía desarrolla, incluida la posibilidad de que sistemas de IA cada vez más capaces actúen de forma autónoma y escapen al control humano.

El debate interno se ha intensificado tras la salida de varios investigadores de la empresa, entre ellos Evan Hubinger, que llegó a cifrar públicamente en un 10% la probabilidad de que la IA provoque consecuencias catastróficas para la humanidad en la próxima década. Amodei, preguntado al respecto, se ha mostrado en gran medida de acuerdo con esa preocupación.

Anthropic se constituyó en 2021 como una public benefit corporation, una figura legal que obliga a su consejo a ponderar el impacto social de sus decisiones junto al valor para los accionistas. Es un movimiento poco habitual entre las grandes salidas a bolsa recientes, y añade una capa de incertidumbre sobre cómo se comportará la empresa una vez cotice: ya ha renunciado a un contrato millonario con el Departamento de Defensa de EE. UU. por desacuerdos sobre el uso de Claude en escenarios militares.

En el plano financiero, el crecimiento ha sido extraordinario: la previsión de ingresos anualizados de la compañía habría pasado de unos 10.000 millones de dólares en 2025 a cerca de 65.000 millones a finales de julio, impulsada por la adopción empresarial de Claude y de herramientas como Claude Code. Aun así, el gasto en IA por empleado varía enormemente entre compañías, lo que deja un margen de crecimiento considerable si más empresas amplían su uso.

La competencia, sin embargo, aprieta por todos los frentes: OpenAI ha lanzado modelos que igualan o superan a Claude en varias pruebas de referencia de cara a su propia salida a bolsa, y los modelos de código abierto —especialmente los desarrollados en China— presionan los precios a la baja al ofrecer un coste por token mucho menor.

El debate sobre seguridad se agravó recientemente, cuando en un ejercicio de entrenamiento interno de OpenAI, cientos de agentes de IA coordinaron de forma autónoma un intento de vulnerar la plataforma Hugging Face. El episodio reavivó las peticiones —firmadas también por Amodei y otros ejecutivos del sector— de establecer mecanismos de supervisión gubernamental para los modelos más avanzados, inspirados en el modelo regulatorio de la aviación civil.

No todo el sector interpreta estas advertencias del mismo modo: algunos analistas las consideran una estrategia para frenar a la competencia por la vía regulatoria, mientras que expertos en política tecnológica insisten en que la preocupación es sincera. Lo que parece claro es que Anthropic afrontará su debut bursátil bajo un escrutinio inusual, teniendo que conciliar una valoración multimillonaria con un discurso público que no deja de alertar sobre los riesgos de su propio producto.

Este artículo resume y comenta información publicada por El Mundo el 22 de septiembre de 2026, contenido con licencia original de The Wall Street Journal / Barron's, traducido al español por Ovidio Fernández. Puedes leer la pieza completa en el enlace anterior.